De nombres de “traidores”, estudiantes mudos y otras cuestiones
A propósito de la repetida y machacona intención por alterar el nombre de Temascaltepec, reproduzco el resumen de una carta que se publico en la sección que dedica la revista PROCESO a los lectores, en la edición del pasado 13 de noviembre, suscrita por Julio Alfredo Blackaller y que “Reprueba que en Edomex pongan a las calles "nombres de traidores"… pregunta si partidos de izquierda pueden evitar tales homenajes. Señor director: En el fraccionamiento Lomas Verdes, municipio de Naucalpan de Juárez, Edomex, existen calles con nombres como los siguientes: José Manuel Hidalgo Esnaurrízar, General José Mariano Salas, Arzobispo Pelaglo Antonio de Labastida, General Manuel Robles Pezuela y General Agustín de Iturbide, así como de otros conservadores mexicanos del siglo XIX. A mi juicio, es incorrecto que traidores… den nombre a calles en el país, ya que en oposición a la Constitución de 1857, y desconociendo al gobierno electo de Benito Juárez, gestionaron con auxilio de tropas extranjeras la fundación de un protectorado francés en México… Manifiesto que no es reprobable que estas personas hayan militado en las filas de la derecha nacional, pues la pertenencia a una corriente de opinión es siempre respetable. Lo reprobable es que… hayan traicionado a su patria”.
Es el caso de la intención por incluir el apellido de Mariano Mociño al nombre de Temascaltepec. Un criollo español que realizo unas fantásticas investigaciones, pero en una expedición donde era parte y colaborador secundario. Que tuvo tan mala suerte que su trabajo fue a parar a manos de un coleccionista suizo. Que fue acusado de colaborar con José Napoleón “Pepe Botello” Que siempre trabajo al servicio de la Corona española y que sus registros botánicos y zoológicos se perdieron, hasta que Porfirio Díaz los rescato en la celebración del centenario de la independencia, hasta ahora, recientemente que la UNAM consiguió que la Universidad de Pittsburgh concediera permiso para reproducir e imprimir finalmente la obra de este investigador.
A pesar de ello, la obsesión por retrotraer el nombre de este Mociño corre al parejo de la intención política, soliviantada por restituir fantasmagorías caducas, contrarias y ajenas a México y a Temascaltepec, que mas bien debería preocuparse por eliminar el ofensivo nombre de Iturbide, a una de las dos únicas calles principales con que cuenta este pueblito y de pasada el de Mariano Abasolo, que goza de una fama mal ganada como insurgente patrio. En realidad Abasolo huyo y abandono la jefatura de las tropas de resistencia conferida por Ignacio Allende y después, salvo la vida gracias a la intersección de su esposa.
Tres casos que ilustran un espíritu nada gracioso para Temascaltepec. Iturbide se inscribe en la triada de los grandes traidores de México, junto con Antonio López de Santa Anna y Carlos Salinas de Gortari. Mariano Abasolo es lo más alejado del heroísmo y gallardía. Finalmente Mariano Mociño es la reconquista colonial que simuladamente y soterradamente, la reacción clerical va tejiendo en diferentes partes de nuestra nación mexicana.
Termina el Sr. Blackaller diciendo que “Hace algunos años sé cambió el nombre a la ciudad de Puebla de Zaragoza, para que regresara a ser "de los Ángeles" que la trazaron, (¡válgame idiotez!) y recientemente el obispo de Mexicali, explico a los mexicanos cómo el Papa influyó en la decisión correspondiente de cuatro ministros de la Suprema Corte dé Justicia de la Nación.” Por mi parte, agregaría, que ante las asechanzas francamente detestables, para encantarse con una anunciada venida del Papa Ratzinger a visitar México el próximo año, en plena temporada de elecciones, lo cual constituye una abierta provocación y una intromisión política inaceptable, solo queda unirse a las variadas peticiones que circulan en las redes sociales, para que en vez de gastar los dineros públicos en recibir a este Emperador extranjero, mejor se canalicen esos presupuestos a las comunidades nahuas, matltazincas, otomíes o cualquiera otra que sobreviva en el Edo. Mex.
Otro TEMA es el que sucedió en la pasada edición de la Semana PYME o algo así que se llevo a cabo en las instalaciones de la UAEM Tejupilco. Sin entrar a detallar la mala organización y el torvo espíritu que animan estas primeras experiencias profesionales, de las jóvenes promesas en Administración (decía Baltasar Gracian que el principio es la mitad del todo) me concretare en la exposición que impartió Arnoldo de la Rocha, propietario de la cadena de restaurantes-franquicia Maxi Pollo. Un caso simpático de una, para mi gusto típica conferencia evangélica motivacional, con baby shower de por medio. Sin embargo, llegado el momento final, se dirige al “respetable” auditorio –los noveles e imberbes estudiantes cobrones (creen que ganar dinero es la finalidad de los estudios universitarios)- y pregunta quien quiere preguntar: y los silencios de los estudiantes mexiquenses sureños es abrumador. Insiste el locutor y nada. Repite la invitación y termina pasmado ante la impotencia del no hablar, la incomunicación. Y puedo asegurar que entiendo perfectamente al Sr. Maxi Pollo (¡ah peso eso si los diplomas y discursos cursis no faltaron!) pues me sucedió exactamente lo mismo, hace un año en la pasada edición del mismo evento, (al que fui amablemente invitado) cuando impartí una conferencia sobre Planeación Estratégica.